Las infinitas posibilidades

La Educación 15 de mayo de 2017 Por
Se podría presumir que enseñar Matemática a los niños y jóvenes, en especial a los que se resisten o están convencidos de que no pueden lograrlo, es casi una tarea imposible. Más aún si repasamos las modificaciones didácticas y metodológicas que ha padecido esta área disciplinar a lo largo del tiempo.
Barco Mariposas Dalí

Remontándonos a unos 80  años atrás; nuestros bisabuelos, abuelos o padres eran educados matemáticamente con  situaciones que en parte, emulaban la realidad, una gran batería de problemas que se resolvían mecánicamente o concienzudamente pero sin desmenuzar mucho más de aquello que se trataba, todo lo que se debía saber hacer para manejarse en su vida cotidiana. ¿Aprendían? Sí, claro que lo hacían, eran épocas en las que nadie se preguntaba sobre cómo funcionaba el cerebro en términos de aprendizaje. Antes de 1.960 el paradigma de enseñanza estaba basado en el pragmatismo, a partir de ese año, se produjo un cambio de dirección de 180° y se focalizaron en la abstracción y lo científico.

Entre los años 1.970 y 1.980,  se dio el auge de la Matemática moderna (MM),  todos los pizarrones se convertían en obras de arte con base en los Diagramas de Venn. En Argentina, una reforma que venía de haber sido probada años anteriores en EE.UU. y en Europa. Una implementación con muchas limitaciones sin lograr homogeneidad en su instalación áulica, a pesar de que hubo amplia difusión en libros de texto sobre los temas principales de la MM. Los sectores políticos de la dictadura militar instaurada en 1.976, rechazaron la MM por el uso de términos como vector, grupo y estructura. Sin embargo, la innovación propuesta llegó a las aulas de las escuelas secundarias y perduró hasta el comienzo de 1.990, con una dinámica especial, dedicada a generar acercamientos y distanciamientos entre los contenidos matemáticos científicos y los matemáticos escolares.

Avanzando en este recorrido de crecimiento y evolución de la enseñanza de la Matemática, nos encontramos hoy con paradigma que los educadores de esta rama necesitan asumir como propio, dando batalla a aquello que una gran mayoría tiene como aprendizaje porque cada ser humano tiende a enseñar de  la manera en que aprendió. Un elevado porcentaje de los educadores de hoy fueron aprendidos con la lógica de la MM, su rigurosidad y sus estructuras. La escuela es reproductora de una normalización y una manera estructurada de enseñar. Se es docente si se está frente al pizarrón con una tiza, con todo el poder, usando el escritorio de trinchera. Ésta, para pesar de los educandos y en un elevadísimo porcentaje, es la modalidad de actuar en los salones de clase. La historia del recipiente vacío se narra en miles y miles de escuelas del país. ¿Culpables? No, no hay culpables. Sólo hay responsables. ¿Quiénes? En principio, los organismos educativos y líneas de intervención con sus acciones de capacitación, en segundo lugar: los capacitadores – que son pares de los educadores que capacitan y no son los sabiondos que todo lo manejan porque en más de una ocasión también deben rever su estado- y por último: los educadores, que tienen la obligación moral y profesional de actualizarse. Todos ellos, deben estudiar, mejorar, revisar, aprender sobre los avances de la neurociencia, compartir experiencias, porque se deben a los aprendientes, porque es su derecho y porque de eso depende que les guste la Matemática, la Lengua…y que las aprendan.

Las herramientas utilizadas en el campo de las neurociencias cognitivas ofrecen variadas posibilidades para desarrollar estrategias a implementar en  educación, como detectar oportunamente niños con necesidades educativas especiales, la comparación de distintas formas de enseñanza- aprendizaje y el conocimiento de las diferencias individualidades a la hora de aprender. Respecto a la Matemática, las neurociencias cognitivas presentan muchos argumentos, uno de los más relevantes es que matemáticamente se necesita de un sistema de contabilidad para monitorear las secuencias, y se cree que este sistema almacena hechos numéricos más que realizar cálculos. Así surge la premisa: delinear las estructuras que han de ser estimuladas para una mejor incorporación de estrategias de resolución de problemas, no sólo en el contexto del aula, sino permitiendo a los estudiantes la  extrapolación de  esas estrategias a su vida diaria.

Facundo Manes[1] afirma que la profesión de la educación se podría beneficiar al adoptar las neurociencias cognitivas en vez de ignorarlas. Es más, los pedagogos debieran contribuir activamente a la agenda de exploraciones de futuras investigaciones sobre el cerebro. Es prometedora la nueva tecnología de neuroimágenes para examinar el procesamiento cerebral de matemática, lectura, y otras tareas específicas al aprendizaje. La investigación en ciencias biomédicas y conductuales  debe colaborar más cercanamente con los educadores para estructurar estudios del cerebro que permitan aplicar los conocimientos a la educación.

En síntesis, para enseñar Matemática es imprescindible permitir al estudiante que se embarque en una nave con la tripulación de sus compañeros, que los lleve a recorrer el universo, que toquen cada puerto, a la que no se obligue a seguir un rumbo y que no se la reprima cuando  cometa un error en izar la velas o manejar el timón porque ese fue su aprendizaje. Dejar que el viento dirija el pensamiento y poder interpelar cada uno de los motivos que subyacen en las decisiones de los que comandan el barco. Navegar acompañándoles en aguas tranquilas, con pocas reglas y hacer de ese mar un lugar seguro de aprendizaje compartido, sabiendo que no existe un último lugar donde desembarcar. Igual que con los números, las posibilidades son infinitas.

[1] Facundo Manes, Médico, docente, escritor y conferencista

 

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